Rescatistas en acción

El aula donde estamos tiene un parque enfrente.

Suponemos que por eso entran tantos animalitos, o bien a la propia clase, o al patio donde jugamos, que además cuenta con un parterre que acoge a otros tantos bichitos.

Muchos ratos de “observación sin molestar” pasan los-as pequeños-as allí. Les hacen casitas y refugios, les dejan trocitos de fruta o pan que les sobra del desayuno de media mañana y reponen el agua para que esté limpia… Los protegen de algún peque que los quiere molestar o incluso matar.

Este curso hemos tenido tres visitas señaladas.

No siempre se puede documentar con una fotografía, porque lo importante es rescatarlos rápidamente para llevarlos a salvo y además no sufran estrés, pero en alguna ocasión pido a una compañera que saque fotos.

Otra cosa es cómo cogerlos. Según sea una araña o bichito no volador suele servir una caja.

Con las moscas o mariposas se abren las ventanas.

Pero cuando es un lagarto o perenquén, no he encontrado mejor sistema que tomarlos con las manos, y es complicado porque corren mucho y se esconden.

Mi aula tiene los muebles casi todos con patas. Aunque originariamente vinieran con zócalo, los he ido poniendo en alto para que no se escondan y poder salvarlos. Porque si quedan allí ya no se sabe qué pasará.

Los rescates son prioritarios. Se deja todo y se activa el protocolo. Los niños-as saben que no hay que gritar, ni correr, ni acorralarlos.

En cuanto se les coge vamos al parterre y se sueltan. No están heridos, la verdad.

Esto ya es una cosa que, aunque forma parte de la rutina, es una aventura nueva cada vez. Estoy pensando que podemos marcar en un panel para saber a cuántos salvamos en un curso.

Esto se puede hacer en cada casa, lugar de trabajo… da que pensar a los demás.

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